Mi Respuesta

 

¿Cómo es eso de que un psicoterapeuta sea adicto?

 

Recién entré en mi formación como psicoterapeuta gestalt, ajena e ignorante de mí, de lo que significa ser adicto e incluso de lo que es ser psicoterapeuta gestalt, y además sin conocer la valentía que iba a necesitar para reconocerme, adicta o no, me encontré siendo parte de un grupo de formandos en el que dos personas se presentaron como adictos en recuperación. Recuerdo el calor que sentí y cómo no lograba entender qué los llevaba a estar allí… y en mi arrogancia, pues tenía ese pensamiento de que para siquiera pensar en ser terapeuta tienes que ser “sano”, me preguntaba: ¿Cómo pueden pretender atender pacientes si ellos mismos están enfermos?

 

Ese malestar me acompañó durante un buen tiempo, y fue cambiando al ir descubriendo mi falta de límites, mi necesidad de andar salvando el mundo, mi pareja alcohólica, de la que no tenía noticia de su condición hasta que me dejó, ciega ante mis propias adicciones, que se mostraban con desparpajo en mi dolor exacerbado ante la ruptura que sentí como un abandono… y también en mi llanto que me acompañó durante meses, en el miedo a mis recuerdos, en mi deseo de comer al sentirme sola, empeñada en “ayudar” a su familia, mientras al mismo tiempo hacía un esfuerzo por centrarme en mi recuperación… aislada, semana tras semana comiendo y encontrando excusas perfectas para no salir. Paralelamente explorándome, sospechando cada vez más que yo también era una adicta y buscando explicaciones que minimizaran lo que estaba descubriendo… profundizaciones inútiles por ejemplo sobre mi adicción a la comida: “es que en realidad no es que sea adicta a la comida… soy adicta a las relaciones y eso me lleva a comer”. Es cierto, soy adicta a las relaciones, y además soy adicta a la comida. Como cuando me siento sola, como para no sentir dolor, como cuando me siento sin pareja, sin familia, sin amigos, siempre comiendo, trabajando y estudiando como una niña “responsable” y “buena”.

 

Un buen día me quedo sin trabajo y pasan los días y un mes y dos y en una conversación comparto mi sueño de tener un mecenas y así dedicarme a escribir sin la presión por no tener dinero. ¡Mi propio salvador! Todito para mí. “Yo puedo ser tu mecenas” escucho… Y me doy cuenta entonces… Qué difícil para mí aceptar ayuda. Durante años mi “independencia”, ser la fuerte, ser la que ayuda, había sido mi barrera de protección, mi gran coraza. Y sintiéndome vulnerable sin ella, acepto la ayuda y me abro a probar y me dedico entonces a mis prácticas de psicoterapia con adictos, sin entender mi atracción y a medida que voy compartiendo con ellos, me voy confirmando adicta: a las relaciones, al trabajo y al estudio y por supuesto a la comida.

 

Y es que la comida ha sido mi centro, desde niña (mi mayor deseo a los 11 era cumplir 12 para hacer mi primera dieta), adelgazando y engordando, dependiendo de cuán querida o abandonada me sintiera… El trabajo y el estudio han sido mi escape al dolor (nunca he sido mejor estudiante que cuando murió mi papá a mis 17) y el apego a los demás ha sido mi brújula.

 

En este momento de mi vida, trabajando con adictos, estoy aprendiendo a identificar lo que necesito y atenderlo en lugar de comer o trabajar o querer salvarlos, abandonándome yo. Me asumo adicta y me asumo uno de esos psicoterapeutas adictos de la pregunta, dedicada a acompañarme y a acompañar a otros como yo.

 

Leonor Consuelo Andrade Castillo